lunes, 25 de marzo de 2013

Cerrado por vacaciones

Cerrado por vacaciones. Disculpen las molestias.

Pd. de S.: Mil disculpas por no avisar con tiempo y decir que este lunes se cerraría por vacaciones, la verdad, es que ni yo misma lo tenía planeado, simplemente ha surgido a última hora. Lamento que os paséis "en balde", pero intentaré recompensar el próximo día.
Feliz lunes

lunes, 18 de marzo de 2013

Los lunes de Candela. Gatitos



Una cosa es cierta. Hay datos absolutamente prescindibles que descubres por error, los aprendes sin querer y luego eres incapaz de olvidarlos aunque lo intentes con todas tus fuerzas. Son lo que yo llamo “datos mojón”.
Por ejemplo ¿por qué sé yo que un gran felino, de cuyo nombre no quiero acordarme, una vez que ha cazado se dirige inmediatamente a devorar los grandes músculos de su presa, pasando olímpicamente de las masas más pequeñas, chiquinines no, gracias, y una vez devorada la cantidad necesaria de proteínas que necesita su metabolismo salvaje no vuelve a comer hasta dentro de unos siete días? ¿Cómo es capaz el felino de distinguir semejantes grupos anatómicos sin haber pasado por la facultad de Medicina ni haber visto ni un solo capítulo de Anatomía de Grey? ¿Por qué el bicho es capaz de ingerir de semana en semana cuando yo no puedo parar de picotear cada dos horas si ambos tenemos aproximadamente la misma cantidad de pelos en las piernas en invierno?
Y lo más importante, ¿por qué tengo que saber yo esto?
Por madrugar.
Esto es. Cuando me desperté este domingo a las siete treinta de la mañana, lo primero que hice fue acordarme de mis biorritmos y toda su parentela. Incapaz de volver a dar una cabezadita de descanso dominical, tuve que darme por vencida y levantarme. Acto seguido pensé que si tenía que estar despierta iba a premiarme con un desayuno pantagruélico, de esos de zumo y tostadas. Dicho y hecho. Al poco allí estaba encima de la mesa mi “continental mediterráneo con reminiscencias de americano”. Sólo quedaba un acto para la perfección: amenizar mi festín con la tele. Craso error. ¿Quién es el inquietante ser que elabora la escaleta de programación de primera hora de la mañana del domingo? ¿Va por ensayo y error o lo harán aposta, como diciendo “que se fastidien, que si tenemos que trabajar en domingo se van a enterar, que esto se lo comen con patatas”.
La cuestión es que, según me disponía a saborear mi tostada con mermelada casera, allí estaba el documental del gatito zampándose a Bambi. Lo sé, os preguntaréis que por qué no cambié de canal. La respuesta es bien sencilla: para coger el mando a distancia había que levantarse… ¡Qué pereza!...¡Que es domínica, hombre!...
Así que la opción estaba clara: no siempre puedes cambiar lo que te rodea, pero sí puedes transformar el modo en que te afecta, por lo que decidí aprovechar la emisión para dos cosas: aprender “datos mojones” sobre los felinos y entrenar el autocontrol sobre el vómito… que encontrar el lado bueno de las cosas es sólo cuestión de ponerse.




Pd. de S.: Feliz lunes festivo y felicidades a los José, Pepe, y a todos los padres, papá, papi, papa, papitito, pa, papuchi, etc.
 

jueves, 14 de marzo de 2013

Dicendos

Hoy jueves escribo estas frasen en cascada, que bien podrían llamarse dicendos (aunque lo diga uno solo), vocablo que no existe, pero que a mí bien me vale.


La vida era un silencio tras otro; hasta que en el medio llegaste tú.

Me gustas, invierno, que dejas al mundo azul y recién bañado.

Después de probar tus versos, ningún beso suena mejor.

Si en los errores está eros será que el amor es sólo cuestión de equivocarse.








lunes, 11 de marzo de 2013

Los lunes de Candela. La faja, ¿amigo o enemigo?



Bien conocida es mi afición/debilidad por los bazares orientales. Un mundo de curiosidad infinita que despierta en mí siempre más de una sorpresa. Cada vez que paso por uno de ellos, como tenga un ratito libre, me adentro rauda y dejo que mi imaginación haga el resto. Y así me ocurrió a mí y a mi pequeño tiempo libre del sábado por la mañana, que nos topamos con una nueva tienda en el barrio. Ojiplática y un poco ansiosa, mis carnes morenas y yo nos introdujimos por el sendero amarillo, pasillo a pasillo, hasta toparnos con  una prenda que desató todas mis dudas filosóficas matutinas.
La Faja: ¿Amigo o enemigo?
Callada y silenciosa ante tan amarga pregunta, me dejé llevar por los sentidos antes que por la razón, empiristas frente a racionalistas, y como Santo Tomás de Aquino me dediqué a coger, palpar y observar cuidadosamente cada una de las bellas e indescriptibles fajas que se desplegaban ante mí cual crisálidas recién transmutadas. Por supuesto, todo ello frente a la atenta mirada del chino vigila ladrones. (De todos es sabido que en toda tienda oriental que se precie tiene que haber un miembro de la plantilla de personal que se dedique a seguirte pasillo tras pasillo para asegurarse de nadie haga dorremifapamibolsillova). (Incluso a veces me dan ganas de despistarle y esconderme tras él para aparecer de improvisto tras una de las estanterías diciendo: "¡Aquí estoy!" o "¡tú la llevas!").
En fin... que divago.
Azules, beiges, negras, blancas, fucsias, de leopardo (ay, que me muero, madre), (aunque bien pensado mejor leopardo que no hipopótamo, por aquello de no herir la sensibilidad), con elásticos, sin elásticos, con relleno trasero en el pompis (sí, sí, como lo oyes), (¿Para hacer efecto push up en el culete? No, señor, para que te puedas sentar tranquilamente en los poyetes de piedra de la plaza de tu pueblo), con refuerzo abdominal (Dios quiera que no tengas que comer ni respirar con ella puesta y mucho menos que te entren ganas de ir al cuarto de baño, porque con ciertas prendas como fajas, medias y pantalones de cuero no se aplica la ley de que si baja vuelve a subir), de lycra, de algodón, de pata a medio muslo, de corte braga, la ya mencionada en otro momento faja tanga y, sin duda, mi favorita: la faja con bolsillo barriguero. Es que es verla y surgirme unos recuerdos entrañables de una tía abuela que se sacaba siempre la paga del domingo de aquella faltriquera más inexpugnable que un submarino ruso para que me fuera a comprar cuches y rompedientes varios.
Así que mi querida e incomprendida amiga faja, no sientas que careces de gracia y encanto. Sé que eres poco apreciada por las masas y que casi nunca ves reconocidos tus méritos ni tus ímprobos esfuerzos por mantener a raya las perdidas líneas de los cuerpos. Pero si Jennifer López (JLo en su casa) y Kim Kardashian (que probablemente mide lo mismo de alto que de ancho) han reconocido que se ponen faja, es que algo de glamour y magia tienes que tener.

ODA A LA FAJA
Temida por unos,
odiada por otros,
por muchas amada
y siempre olvidada.
Retorna la moda de
mi amiga faja.
Forroncha y botija
te quedas delgada
aunque no puedas ni
echar una meada.
Vulgaris, vulgara
muerte a la tanga
y arriba la faja.
                                   Candela dixit.
Fotograma de la película El diario de  Bridget Jones.

Pd. de S.: Feliz lunes a todos.

lunes, 4 de marzo de 2013

Los lunes de Candela. Volúmenes



          Candelita, hija, con lo mona que eres y qué pronto te han salido las tetas, me decía cariñosa mi querida abuela Rosita, ojo avizor de los berracos con los que habría de lidiar al tiempo. Mi abuela Rosita, (así llamada no sólo por medir un metro treinta sino por ser la benjamina de siete hermanos), que era muy vieja, muy sabia y tenía muy mala leche, tan mala que agriaba el café sólo con mirarlo, anunciaba con pena y conocimiento las vicisitudes que mi generoso lastre delantero iba a ocasionarme en mi primera adolescencia. Y es que todas las curvas y volúmenes que son tan bien recibidos a los treinta años son una turbación pesarosa a los catorce. Qué clases de gimnasia tan vergonzantes entre salto y salto de voleivol, también llamado balón volea, y qué piara de púberes salidos haciendo como el que no quiere la cosa en fila mirando el vaivén de mis protuberancias. Dicen que la chepa comienza a salirle a uno de viejo, mentira, en mi vida tuve más giba que entonces. Me encorvaba tanto para ocultar el pecho que llegué a tener los hombros por las orejas y aún hoy me sorprendo de no tener una escoliosis más grande que las escaleras de caracol de la Basílica de San Pedro en Roma. 
          Y a qué viene todo esto, Candela, os preguntaréis con ansias de conocimiento y campechana curiosidad. Pues bien, toda esta remembranza se debe a un percance que me ocurrió la semana pasada en el autobús(sorpredente, sí, pero por una vez no iba en el metro). Un señor muy maleducado (el calificativo de señor no sé si se lo merece, pero para el de maleducado hizo méritos), que estaba sentado en el asiento de delante al mío, se giró completamente y dejó su vista fija en mi escote. No es que llevara mucha abertura…, ¡¡y qué coño, aunque la llevara hasta el ombligo!! 
          Poco a poco, a medida que iban pasando los segundos empezó a recorrerme un pundonor incandescente desde la planta de los pies hasta el último pelo de la coronilla y, tras más de tres paradas, decidí preguntarle al bicho ojos de búho si es que se le habían caído dos euros en mi canalillo y trataba de recuperarlos con el poder de la mente, ya se sabe, intentando que ascendieran e hicieran ¡pof! de entre mi blusa tan sólo por mirar mucho y muy fijamente. Y, desde luego, si a pesar de ser tan maleducado tenía ese poder telequinésico, yo estaba dispuesta a ponerle un piso en Alcobendas a cambio de que me diera la combinación ganadora de la bonoloto del próximo martes. 
           Como era de esperar: poderes mentales pocos, grosería mucha… y finalmente mis senos y yo no tuvimos por menos que darle una buena hostia.
Ah, mi parada, me bajo.

Pd. de S: Feliz lunes a todos.