lunes, 31 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela. (v.o.). Navidad



Qué bonitas son las cenas navideñas… No te rías, que lo digo en serio. Nada hay más hermoso que una reunión familiar. Y eso te lo digo yo, que estoy a punto de dar cita previa a toda mi parentela si quiere venir a visitarme.
Sin embargo, en estas fechas no hay nada que motive más para levantarse pronto de la cama que pensar en una conjunción de tíos, primos, cuñados- barra- cuñadas y suegros varios para hacer acúmulo de resquemores y escozores para el resto del año. Porque hay reuniones familiares que queman más que palabras de suegra.
Y es que si Ricardo III –barra- Shakespeare daría su reino por un caballo: “A horse, a horse. My kindong for a horse (que menos mal que el inglés te lo estoy escribiendo y no pronunciando, que si no sería cual futbolista: A jorse, a jorse. Mai kindonghg for a jorse), yo hay días que soy capaz de regalarle no solo el caballo sino la familia entera montada encima.
No voy a mentir, alguna que otra vez se me abren las carnes sólo de pensar en esos salones patera en los que pretendemos cenar casi treinta personas alrededor de una mesa de alas en un salón que sería un reto hasta para los diseñadores del Ikea (y mira que Hansën Handenselowöigen y Karinäa Gühkstandefroindistasen son capaces de crearte espacios hasta en una favela de Río.
Y a pesar de todo… cada año nos ponemos nuestras mejores galas (eso sí cambiando los tacones por zapatillas de felpa nada más entrar por la puerta, y qué divina se queda una emperejilada con su modelito y estrenando medias… y en los pies esas chanclas, que casi siempre te quedan un número más pequeño, con ese Winnie the Pooh bordado en la parte delantera y el borreguito blanco saliendo cual pelo afro por los laterales, un Winnie que además no te motiva en absoluto a moderarte con los mantecados)…
… Y cada año repetimos. ¿Por qué?
Quizá porque el espíritu navideño cuando entra por la puerta, si no se tira por la ventana y decide quedarse, nos inunda los corazones de bienestar y alegría, vete tú a saber los motivos y razones. Tal vez porque, con nuestros más y nuestros menos, en el fondo sabemos que nos queremos.

Decálogo de la buena Navidad:

Achispados unos, borrachos perdidos otros, en toda celebración que se precie tiene que haber:

  • una abuela/ madre que cuenta un chiste verde dando un gritito de pudor al final 
  • un tío regordete que cante una jota o canción regional 
  • un momento de tensión
  • un aquí no ha pasado nada y que siga la fiestaaaaaaaaaaa 
  • alguien que te llene el plato como si no hubiera un mañana 
  • alguien que te rellene continuamente sin que te des cuenta la copa de sidra/cava/vino y pases toda la noche sin saber quién es 
  •  ruidos y jolgorios varios (en este caso que la tele esté puesta “para crear ambiente” es opcional)
  • una botella de anís con una cuchara sopera incluida 
  •  una bandeja llena de dulces y que misteriosamente no quede justo el que tú querías 
  •  un juego de mesa que acabe provocando más conflicto que los señores de la guerra en África


…Y, por último, el consejo que me daba mi abuela Rosita: “Niña, moja los polvorones en sidra que si no luego eso hace bola”.

¡Feliz Año Nuevo!

 
Mecano. Un año más.

Pd. de S: Feliz año nuevo, Candelas y Candelos. Que el 2013 os traiga todo lo que pidáis... y mucho más. Buen lunes y mejor año. 

 

lunes, 24 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Besos



Hace unos días me quedé reflexionando un buen rato en la marquesina mientras esperaba el autobús de vuelta a casa. Y es que hay un tema que lleva preocupándome ya un tiempo. Por qué no inventamos un código común para ponernos de acuerdo en cómo dar dos besos. Y es que no hay nada tan peliagudo en fiestas navideñas, y de guardar, reuniones familiares, bodas, bautizos, cumpleaños y eventos varios en los que se reúnan más de tres personas en las que alguno no trastabille a la hora de plantar mejilla. Es en ese momento, en esa exacta conjunción mejilla-labio, labio-mejilla, cuando se produce un meneillo estúpido entre ay que voy para este lado, tú también, no, pues yo para el otro, hay ahora los dos otra vez, huy casi un piquito. En ese punto los interfectos se paran, se ríen nerviosamente y se asen con las manos por los hombros o la parte alta del brazo, como diciendo: “coño, a ver si nos aclaramos: yo para la izquierda y tú para la derecha”. Ahora sí: dos besos cumplidos. Chin-pun.

Los amantes. René Magritte.
Por supuesto también está el tema: tipos de besadores.
Hay quien pertenece a la categoría, según mi abuela, de besador “asquerosillo”. Un asquerosillo es aquel que te da dos besos pero como si no, o mejor dicho, ni siquiera te da dos besos, como mucho te pone la cara y tan ladeada y de modo tan frugal que básicamente te quedas con los morros al aire al estilo besugo del cantábrico.
En otro nivel habitan los “ventosas”, departamento estanco también bautizado por mi abuela. En este apartado tienen cabida todos aquellos seres, entes y personas que tras depositar sus labios en tu rostro succionan todo aire de tu moflete, envasándolo al vacío, para que en el mismo instante de su separación de la carne se produzca un sonido tal que te deje próximo a la sordera y con una mano intentando apaciguar con disimulo el pitido del tímpano.

El beso. Gustav Klimt

Pero sin duda, los que más me gustan de esta somera clasificación son los besos de agüela, designados así por mí y no por mi nana (para ella son simplemente besos, también llamados ósculos y qué me gustan a mí los ósculos oscuros de tu boca). En este último apartado deben incluirse todos aquellos que cariñosos e impetuosos sujetan tu rostro con ambas manos y besan tu mejilla reiterada y sonoramente en un beso que no es uno sino muchos, muy rápidos y muy seguidos. Te dejan sorda, algo babeada pero con la grata sensación de sentirse querido. Muy propios de personas mayores y tías lejanas del pueblo con delantal de cuadros y zapatillas de cuña y felpa, estos arrumacos son comparables a los "besos baba".
La Virgen y el Niño. Van der Weyden
Los "besos baba" son los que nos emperramos que nos den los bebés e infantes cuando ellos ni siquiera saben dónde están. Y a continuación viene el dilema: ¿me limpio o no me limpio disimuladamente con la mano la cara? Aquí no hay más que decir que depende de lo que te una al niño y lo escrupuloso que seas.
En fin, que tipos y formas de besos hay muchos, que no siempre queremos darlos o que nos los den, pero que como es algo que nunca se gasta… ¡besémonos seres por doquier! y llenemos el mundo de besos y versos. Que más de uno debería cerrar la boca y besar que abrirla y criticar.
Feliz Nochebuena y Feliz Navidad.

Pd de S: Al igual que Candela, os deseo Felices Fiestas a todos.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Expectativas



         Qué malas son las expectativas. No hay nada peor que tenerlas, decía mi amiga Carolina en el instituto cada vez que pasaba el guaperas de López en chándal por mitad del patio a la hora del recreo.
        
          Cuánto tiempo hacía que no pensaba en Carolina… Y de pronto me acordé de que cumplía años el 21 de diciembre, el mismo día que según los mayas (que no tenían años bisiestos ni calendario gregoriano) nos va a salir el rótulo de game over. Y me dije: “Nena, que te vas para el otro barrio con el tinte sin dar”.
Acto seguido, asustada de mi propia superficialidad, pensé que tenía conseguir un libro, como mínimo, de Kundera o de Kafka, para frenar los estragos de la banalidad. Y así ufana y decidida a emprender el camino de la sabiduría me metí en el metro para ir a la biblioteca del centro.

 …¿Pero que te pasa a ti todo en el metro? ¡Claro, si me paso media vida dentro!

         Llevaba recorridas unas dos paradas de trayecto, cuando se abrieron las puertas y entró en el vagón un jovenzuelo con cascos, pantalones de tiro bajo, pero que muy bajo, y el pelo verde (el mismo tono que se te queda si eres rubia y no tienes cuidado con el cloro de la piscina en verano).
Yo le miraba, no porque me sorprendiera que nadie llevara el pelo de semejante tono (todo el mundo sabe que las nuevas californianas son las mechas pastel), sino porque me daban ganas de subirle la cinturilla (temerosa de Dios porque se le viera el culo y pasara el chaval el mal rato que me llevé yo el día que se me ocurrió ponerme leggins). Cuando de repente, entre meneillo y meneillo de suburbano, el joven empezó a realizar unos pasos de break dance sin soltarse de la barra, como una stripper profesional donde las haya.

Dirty Dancing
         El movimiento era pie derecho lo giro 90 grados - subo el hombro contrario - cabeza pa’ allá - golpe de nuca pa’ acá - cadera Shakira - pierna y rodilla adelante y arriba - saco pecho palomo y pa’ dentro otra vez.
Anda, pensé yo, como los de Upa Dance (coletilla: un paso adelante). Por supuesto, como era de esperar, mi imaginación comenzó a volar y ya lo visualizaba con Sergio Alcover en la batalla del street style de un programa de baile vespertino. Qué emoción. La fama cuesta. ¿A cuánto está el kilo de fama en el mercado? No podía evitarlo. Me quedé mirándole sin disimulo, aprovechando, todo hay que decirlo, que tengo cara de despiste por naturaleza y que el peliteñido iba a lo suyo. ¡Qué ganas tenía de ver la coreografía entera!
         Y sin embargo…
         Qué razón tenías, Carolina. Pero qué malas son las expectativas.
        Para mi decepción, lejos de innovar, el chaval entró en un bucle infinito y no paró de repetir el mismo tembleque durante cinco estaciones. Y yo, con los ojos como platos y el ansia desbordada esperaba una pirueta, un doble mortal hacia delante, un “ahora se arranca y pega un salto a lo Dirty Dancing para que le coja en volandas el obrero que está al fondo”. Pero nada. Inversión cero en I+D: ningún paso nuevo. Total, que al final llegó mi parada y me tuve que bajar. No sin antes mirarle digna y altanera al pasar por su lado con unas pupilas que claramente decían: “Desde luego, no te da vergüenza ir creando esa expectación en la gente. Coherencia, amigo: no se puede llevar el pelo verde y luego ser tan soso”. 

Pd de S: No permitiré que el lunes me arrincone.  Ahora mismo me voy como Candela a por un libro y un tinte, por si las moscas.
Gracias por leer y comentar.
Feliz lunes, candelas y candelos. 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Octosílabos


Torre del reloj; Praga.

Préstame sólo un minuto
y tuya es la prímula
rosa que late en el centro
de este mi térreo cuerpo.

Préstame sólo un minuto
y prometo capturarte
el cierzo escondido tras
rincón en noche de invierno.

Regálame de tu tiempo
sólo un minuto y serán
tuyas las horas robadas
a Crono y Kairós el vero.

Marcharán la confusión
y la ira, y trocaré mis
vesanias por nueve musas,
del asfalto la canción.

Juro ser tuyo, eterno y
vivir contigo sin prisa
si me regalas la risa
y un minuto de tu tiempo. 


Pd. de S: De nuevo, el tema del tiempo vuelve a surgir, haciendo honor al título del blog. Aunque más que octosílabos debió titularse experimento (o qué ignorante es el atrevimiento). Sólo espero no haberles agriado la leche del café a los amantes de la poesía... 
Gracias por leer y comentar.
Feliz miércoles.




lunes, 10 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.) ¿Tú también, Alfred?



      Hoy me he levantado filosófica, estoica, eremita, anacoreta, seudobudista y cansina, decidida a encontrar las claves de esta nuestra deshumanizada sociedad y así adentrarme en sus comportamientos sociológicos más profundos. O lo que es lo mismo, me he liado a cotillear en Youtube. Pero, claro, qué buscar, qué teclas pulsar para hallar las respuestas adecuadas. Ni idea. Así que simplemente he ido enlazando vídeo tras vídeo sin lógica ninguna hasta que, tras tres caídas en bicicleta, un perrito bailando y un coreano haciendo el potrillo de Utrera, me he topado de frente con un hito de la infancia: Alfred J. Kwak. Qué dicharachero animalillo humanizado. Qué ternura y qué recuerdos. Y qué hijo de su madre el pato. Qué puñal traicionero me ha clavado en el pecho (¿tú también, Alfred, hijo mío?). Pero por qué dices eso, Candela, os preguntaréis azoradas ante tan brutal aseveración. Os cuento. Inocente de mí, he dado al play del vídeo y la sintonía de la serie ha empezado a sonar dicharachera y alegre. Una voz aguda e infantil entonaba la jovial melodía mientras los personajes acompañaban las letras del final del capítulo. Qué bullir interior más majo. Ole, ole, pensaba, mientras movía la cabecilla de un lado a otro acompañando las notas y el tono del infante. Hasta que ¡ojo!, qué desazón en el pecho. Aquí hay mensaje subliminal, pensé, y yo no me estoy enterando, ¿acaso quieren que me aliste en el ejército o que me compre un refresco de cola…?
No me quedaba más remedio que investigar y analizar la letra de la canción.
Atentos todos:

Me siento muy feliz,
feliz, tan feliz.

Comenzamos bien, qué alegría, qué alborozo.

Hoy me siento tan feliz
que no hay penas en mí.

El ánade de nuevo comparte con nosotros su estado de ánimo, que, en principio, lo tiene por las nubes.

Nunca estuve tan feliz,
feliz, tan feliz.

Aquí Alfred empieza ya a rebozarnos por las narices su euforia, cosa que le perdonamos por ser tan mono (tan pato, bueno que no es un mono, sino un pato mono, de bonito, no de primate, vamos).

Tan feliz voy a ser
cuan largo el día es.

Muy bien, Alfred, proactivo, con pensamiento positivo. Visualizándote a ti mismo en la meta, como si entrenaras para unas olimpiadas.

Pero… ¡Inflexión!... A partir de aquí es cuando el patito, como el que no quiere la cosa, te mete más miedo en el cuerpo que una hipoteca.

A veces estoy infeliz,
infeliz, infeliz.
Tiene miedo a sufrir
y de miseria morir.

¡Recoña, no se te ocurría otra cosa que decir! Pero ¿de quién estás hablando? ¿Y no podrías apuntar penurias algo menores?, ¡que tu target de público ronda los cinco años, hombre! No sé, como “a veces estoy infeliz porque se me ha roto una pintura y no tengo el sacapuntas a mano o me he comido mi último trozo de plastilina”…
No, el palmípedo con bufanda tiene que anticiparte, para que se te grabe a fuego en el subconsciente, que la vida es una jungla en la que a la que te descuidas te hacen el trenecito.
Y para finalizar, se hace el sueco y, quedándose tan pancho, se despide jocoso como si no te hubiera dicho nada que pudiera afectarte ni crearte desazón alguna.

Qué alegría que me dieran.
Fue emocionante hablarles.
Les digo adiós,
hasta la próxima vez.

Hala, cómo se te ha quedado el cuerpo.
Para que te fíes de los dibujos animados.
Pues, Alfred, una cosa te digo, sin acritud ninguna, la próxima vez vas a hablarle a tu prima la de Cuenca.



 Pd de S: Muchas gracias por las visitas y los comentarios. El miércoles volveré a publicar.
Feliz lunes, Candelas y Candelos.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o). De cómo descubrí que los leggins no son pantalones


          

Desde que leo blogs de moda donde las famosas muestran sus modelitos y su día a día me ha dado por hacerme la moderna que te cagas. Así que hace unos días al levantarme, y tras la ducha y café de rigor, me planté como una maceta delante de mi armario y me dije: “Candela, reina mora, hoy te vas a poner unos leggins… con dos cojon…”. Ni corta ni perezosa rebusqué en el cajón y saqué aquellos perfectos elásticos aún sin estrenar y me los embutí como morcilla de Burgos. Por arriba un jersecito y por abajo unas botitas. Hala y tan mona que me fui a la calle, dispuesta a decirle al mundo: “Ojito conmigo que soy urban chic, casual look, lady boho y autónoma”. Cuando pasé por la esquina de la calle allí estaba Teresa dispuesta a obsequiarme con su piropo habitual.
Teresa es mi vecina del quinto, una señora con la cabeza más para Cuenca que para Albacete que tiene locos a los hijos pues se pone a pedir en la esquina de mi calle con un vaso de plástico y una radio transistor que sintoniza coplas. A todo el que pasa le dice: “Puta, puta, puta”, sea hombre o mujer, todos por igual, porque la señora Teresa de sexista no tiene un pelo.
Así que tú le dices:“Buenos días, Teresa”.
Y ella responde:”Puta, puta, puta”.
Y a la vuelta: “Ha quedado buena tarde, Teresa”.
Y ella: “Puta, puta, puta”.
       Bueno, la cuestión es que yo me creía chic y divina hasta que a mitad de mañana unos obreros se santiguaron al verme pasar. Petrificada ante el gesto me giré sobre mí misma como un perrete en busca de su cola. Y de inmediato me vi reflejada en el cristal del bar Manolo frente a la obra… Y allí estaba en toda su gloriosa extensión: mi trasero. Ahora entendía el ademán, alguno de ellos tendría una hija adolescente y no hay nada más maligno para un padre de quinceañera que los leggins… ¡¡que transparentan el culo!!

        Dios, qué vergüenza. Quería que me tragaran las alcantarillas aunque dentro se escondieran caimanes o bombas de la guerra. En un acto reflejo me llevé las manos al pompis intentando ocultar lo inocultable y con toda la dignidad que fui capaz de encontrar en mi interior me dirigí aprisa a una famosa cadena de medias. Una vez dentro, atacá de los nervios, agarré a la dependienta por banda y le dije: “Necesito otros… porque mira”, dándome media vuelta y señalando con mi dedo índice acusador el epicentro del asunto.
“Claro, es que a veces pasa, si no coges la talla correcta… Voy a buscarte una más grande”, me dijo sonriente tras mirarme la etiqueta.
¿Estaba entendiendo lo que había entendido?, ¿resulta que el problema no era que algunos leggins tenían menos gramaje en la tela que un folio de los baratos sino que yo estaba oronda y botija?
En fin, no quise entrar en polémica y muy digna, respondí “Ah…, gracias”. Aunque todos sabemos lo que en realidad estaba pensando: “Puta, puta, puta”.

Pd de S: Un beso para las dependientas y otro para las morcillas de Burgos (entre las cuales me encuentro).
Feliz lunes

martes, 27 de noviembre de 2012

Otoño




Anciano llegas ya Otoño
y ningún vivo te aclama.
Protestan las almas que
mustio y sombrío te llaman,
más con colores de fuego
de a poco a todos te ganas.


Pd de S: hoy haciendo pruebas con otros formatos literarios. Que me perdone el otoño y todos los amantes de la poesía.
Feliz martes.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Sonrisa ciborg



          No hace mucho, la semana pasada para ser más concretos, hacía mi entrada triunfal a las ocho y cuarto de la mañana en el andén del metro dispuesta como siempre a pasar otro día más de sueño y desidia… Vamos, lo que viene siendo motivación vital. Como siempre, el piloto automático condujo mi cuerpo hasta la mitad del anden, justo a la altura de un banco, que nunca está vacío (no sé para qué leches voy), y una pantalla de tele de la red del suburbano, una cadena que reproduce en bucle infinito los mismos reportajes subtitulados desde 1924, alternado eso sí con un simpático mapa del tiempo donde soletes con caritas sonrientes y nubes sin rostro (pobres nubes, injustamente condenadas a no tener faz)… por donde iba… ah, sí… que estaba viendo la mierda de tele del metro mientras me quitaba la chaqueta cuando el rabillo del ojo se me fue a la revista que estaba leyendo una señora que había tenido la fortuna de conseguir asiento en el poyo. Era una de esas publicaciones en las que la gente posh enseña sus casas y muestra en exclusiva su primera boda y la primera vez que sus retoños emiten un provechito (que no haya sonido no es impedimento, el redactor describe en perfecta narración lírica el eructito del nene y la mirada, embelesada, siempre embelesada, de sus papás). Mientras la señora pasaba las páginas, mis retinas paseaban curiosas por las fotos. Hasta que aquello llegó… Qué eran lo que veían mis ojos, pétreos e impávidos ante semejante estampa. ¡Era la sonrisa ciborg! Dios, qué repelús. Un escalofrío me recorrió toda la médula, desde el cogote hasta la curcusilla. En la imagen, las dos mujeres, más pijas que la comida deconstruida, posaban casi de perfil, con las manos de una sobre los hombros de la otra, con un gesto amago de ay, Mari, que te voy a abrazar o a escupir, no lo tengo muy claro aún.
Bob Esponja también quiere ¡dientes, dientes!
 Nada impactante, en principio, nada fuera de lo común en ese tipo de publicaciones, hasta que la vista se anclaba en esas bocas entreabiertas de ¡dientes, dientes!, que es lo que les j… que dijo quien ya sabes. Un par de hileras de simétricos, perfectamente alineados y sobre todo fosforescentes dientes rebotaban contra la retina del lector todo el flash utilizado en la instantánea. Era prácticamente imposible fijarse en otra cosa que no fueran aquellas dentaduras, que, si en un principio parecían perfectas, poco a poco iban introduciendo miajas de terror por las venas. ¿Pero por qué no tenían una sonrisa humana? ¿Y qué componente tenía su pasta de dientes? ¿Lejía? La tensión poco a poco iba in crescendo dentro de mí. No podía dejar de mirar. Las de postín me habían atrapado (y a la señora yo creo que también, porque que no pasaba la página ni a la de tres y tampoco se llevaba el dedo a la lengua para mojárselo, signo inequívoco donde los haya). A punto estuve de tener un ataque de pánico. Menos mal que el chirriante sonido del metro entrando en el andén desvió mi atención y pude volver de nuevo al mundo de las personas, donde los dientes tienen forma anatómica, tonos fuera de la gama de los Pantone y los incisivos se diferencian de los molares sin tener que hacer carrera en Salamanca. 

Pd de S: Cuando tengo un mal lunes, me encanta echarle una sonrisa ciborg y ¡dientes, dientes!
Gracias por leer y por vuestros comentarios.
Feliz lunes 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Sueños de jueves



Alphonse Mucha. Descanso nocturno
En el cielo de los relatos, en el limbo de las historias, acurrucada en tu gesto te pediré una. Una que salga de tus ojos y llene por completo este cuarto de azul que aparte las sombras del lunes, del martes, del miércoles… Quiero que apagues la luz con un verso y dejes que sueñe de nuevo que tengo sueños que sueñan por dentro como siempre pensé que soñaban las hadas de bosques eternos vestidos de verde y de fuego. Ahora, atento, abre las manos y escucha por dentro, porque es jueves… y comienza otro cuento. 


Pd de S: A veces tengo sueños que sueñan por dentro ¿y tú?
Feliz jueves
 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Hairdresser



Qué tendréis las peluqueras, mis queridas peluqueras, que tanto juego dais. Qué idioma habláis tan lejano al mío que parecemos entendernos y sin embargo no. Como cuando vas a Italia y vanidosa medras porque crees comprenderlo todo, pero luego resulta que no entiendes ni papa y acabas pareciendo turista y gilipó.
En fin. Hace no mucho fui a cortarme el pelo, algo sencillo en principio. Quería hacer un pequeño cambio, nada brusco ni exagerado, algo así como ni fu ni fa, pero hay que ver mari qué mona, monísma te han dejado.
Quimeras… ideales, ilusa de mí e infelice que diría Calderón (de la Barca).

-Mira, Maribel -le dije yo a mi peluquera de hace ya algunos años-, qué te parece si me cortas un flequillo de esos que se llevan ahora, que se parten y abren en mitad de la frente como una cortina. ¿Qué tal me quedaría a mí?
-Ay, sí, como lo llevaba Brigitte Bardot, pero lo modernizamos un poco conservando la esencia, verdad. Lo texturizamos de medios a puntas descargando la base -me dijo ella, y prosiguió colocándome el babero gigante que te ponen siempre antes de cortar la melena: -Venga, que te voy a hacer un corte que se va a cagar la perra de bonito- sentenció.
Porque mi Maribel siempre empieza los discursos muy glamurosa, pero los acaba poligonera perdida. Cosas de comprarse el piso de protección oficial en el extrarradio, supongo.
Aquello, sin duda partía de una buena base. Y no lo digo por mi porte y percha, sino porque la idea había quedado clara, clarísima; o eso creía yo… Entonces… Por qué, Maribel, por qué.

Cuando acabó con las tijeras y me secó el pelo, la perra no sé si acabó defecando, pero la que casi se hizo popó en las mallas fui yo. El espejo no dejaba duda alguna. Ahora era una raza mestiza entre un gremlin recién levantado, de muy mala guasa, por cierto, y la “cuarta” de Bananarama en su verano más cruel. Aquello era un césped, una orgía de trasquiloncillos, también llamados, “que te descargo la mecha para que no coja tanto cuerpo”. Cuerpo, pensé, deja que al menos algo aquí coja cuerpo porque el mío acaba de desencajarse y descomponerse. Inexplicablemente, y que ningún científico ose refutármelo, acababa de transportarme en una máquina del tiempo hacia 1983. O eso, o yo tenía moto y no me había enterado, porque aquello no era volumen, sino un casco en toda regla.
Ay, Maribel, y, entre tanto, tú con esos ojillos juguetones me preguntabas si me gustaba y sin darme tiempo a contestar (qué manía) me decías ipso facto: “Te ha quedado genial”, “mira, luego tú en casa te lo peinas así y asao”, mientras con ambas manitas abrías, aplastabas y recolocabas aquél sindiós de pelillos tiesos que lejos de apartarse hacia mis sienes se proyectaban firmes hacia delante, como si mis pensamientos se hubieran armado de bayonetas capilares para defenderse del mundo exterior.
Ay, mi querida Maribel, por qué tanto odio de vuestro oficio hacia los humanos. No se vio jamás semejante desafecto desde que los uruk hai quisieron conquistar la tierra media.


Pd: de S: un beso para las peluqueras y otro para los uruk hai, que estoy segura de que se quedaron así porque de pequeños nadie les dio abracitos ni onzas de chocolate con pan.
Feliz lunes.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Los Tempos




          Hay días en que creo que eres otro y no tú. Cuándo comprenderás que no es el tiempo lo que soluciona las cosas sino el querer arreglarlas: con palabras, con actos. El mero transcurrir de las horas no las hace mejores, sólo las vuelve más viejas, las enquista y las pudre. Y abonada bajo un mantillo de días, la recriminación tarde o temprano renace bravía; presto el combate entre el olvido forzado y el hiriente reproche. Es una daga loca y ciega que sale a morir matando como un guerrero que ha cantado por tres veces su ¡aú, aú, aú! Y se golpea los pectorales como un primate, porque… en el fondo, eso es lo que es… eso es lo que somos: animales salvajes con bozales de civilización.

Incluso en la discusión, cuán diferentes son nuestros tempos.
Tú crees que el olvido es azul como el frío.
Yo hiervo al tic tac del reloj.


Pd de S: la semana que viene publicaré relato el lunes y el jueves. 
Doble posdata: que vuestros bozales de civilización sólo os aprieten lo justo, que es viernes, ¡biennnnnnn!

jueves, 15 de noviembre de 2012

Dadá


Cojo tu libro favorito del estante, no sé muy bien para qué. Calculo su peso a pulso de la mano, me lo acerco a la nariz y lo olisqueo como un lebrel. Luego comienzo a mirarlo, fijamente, tanto que me quedo bizco. Ya sólo me queda ir al baño y sacar del mueble gavetero las tijeras que utilizas para recortarte los pelitos de las cejas. Emocionado corro por el pasillo hasta el salón. Y allí arranco todas las páginas impares, y de ellas recorto cuantas palabras me vienen en gana. Al caer los trocitos de papel sobre la mesa, la sala se ha llenado de vampiros y templarios y hombres lobo rasurados que se volverán perretes al cabo de 300 meses.
Al pronto entras por la puerta y con los ojos muy abiertos me gritas.
¡Pero es que sigues sin entender que quiero ser dadaísta!



Pd de S: para todos los que alguna vez habéis tenido ganas de recortar de la vida sólo lo que os dé la gana y colocarlo a vuestro antojo y reíros de hasta vuestra propia sombra. Feliz jueves dadá.

martes, 13 de noviembre de 2012

Amor




         En el quinto piso vive un matrimonio siempre en trifulca. Ella antes era guapa y amable, ahora ha perdido mucho peso. Oigo cómo discuten a través de las finas paredes. Los tabiques son como folios y el sonido reverbera de modo casi ofensivo. A veces siento pudor y ganas de irme de mi propia casa por el simple hecho de oír sus reproches, tan íntimos, tan suyos. Al final un portazo pone punto final a su discusión y mi vergüenza. Entonces, para tomar aire, me acerco a la ventana y miro la calle. Hace diez años que me vine a vivir aquí. Me pareció un buen barrio, tranquilo si se quiere, vital si se busca. No me costó mucho acostumbrarme a echarte de menos, incluso hoy, en las raras ocasiones en las que barajo la posibilidad de mudarme acabo por descartarlas rápidamente. No creo que cambie nunca, y eso que en las habitaciones no entra demasiada luz. Dan a un patio interior, tan estrecho y tan grisáceo que parece una fosa puesta de pie. La luz del sol sólo prende en la parte superior, como un fósforo que arde, mientras abajo sólo queda la madera, cada vez más quemada, cada vez más negra. Contradictorio. Quizá por eso hay veces que me siento en vivas llamas y otras me consumo a fuego lento, fatuo. Entonces de nuevo vuelvo a la ventana, y otra vez miro la calle y la vida de los otros por el cristal. En esos días el asfalto me parece más gris y el cielo más fino, a punto de pincharse con la aguja del edificio Chrysler y caer en un sueño de cien años. Pero me equivoco. El cielo siempre se arquea. Y nosotros nos quedamos con cara de tontos dibujando lazos que pretenden atrapar el infinito. Complicando los recuerdos. Escuchando portazos en vez de risas. Y mirando siempre hacia atrás cuando nos vamos a marchar de algún sitio en el que hemos estado de vacaciones. Y al montarnos en el coche nos revolvemos incómodos como un gato que no encuentra la postura en el sillón y da tres vueltas antes de enrollarse. Porque nadie nos enseña a despedirnos. Porque yo sólo quiero volver a encontrarte. Amor. Y, otra vez, hoy, volveré a buscarte en todos los rostros.

Je veux de l'amour, de la joie, de la bonne humeur

(La canción es Je veux, de Zaz)


lunes, 12 de noviembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Desencuentros

                     Desencuentros
            Hoy he tenido un día de desencuentros. Sin duda alguna puedo decir que desde primera, primerísima hora de la mañana (6:40 h para el locutor de la radio despertador), los acontecimientos más nefastos se han ido sucediendo como en una película de adolescentes en las que hay un cambio de cuerpos y almas entre feas y populares o pibones y viejunis.
                  Nada más despertarme y antes siguiera de darme tiempo a salir de la cama me ha dado un tirón en la pierna y se me ha subido la bola del gemelo de la pierna derecha. Como acto reflejo he ido a tocarme el músculo y proferir un alarido, que he contenido por compasión marital, pues no quería despertarle, y aquí es donde viene la segunda desgracia, por no gritar me he mordido el labio y parte de la lengua, con estos mi grandiosos dientes de conejo de la Metro (Goldwyn Mayer. No, espera, eso era un león, ¿no?). Da igual. Un hilillo de sangre ha empezado a surgir del labio inferior al mismo tiempo que presentía que acabaría hinchándose. Por lo menos hoy me pareceré a la Jolie o a la Scarlett y su boquita de piñón. Está claro que el que no se consuela es porque no quiere. Sin embargo los planes de conseguir un morramen sensual se me han ido al traste nada más levantarme, ahora sí ya por fin, de la cama.
              Como no podía ser de otra manera he conseguido llegar al baño cojeando un poco, dolorido aún el gemelo, y con el pipí mañanero ha llegado el tercero de los eventos: no quedaba papel en el portarrollo. Mi marido, mi queridísimo marido, aquel al que por no despertar hacía unos minutos me había mordido el labio, había dejado límpido el rollo de cartón tras acabarlo. No sé por qué le di con la mano para que girara, parecía la ruleta del juego de cifras y letras que siempre sacamos en la sobremesa de Navidad. Mientras sopesaba mis posibles opciones decidí que era mejor actuar que pensar, al fin y al cabo todavía no me había tomado ni un café. Y creyéndome más rápida que la luz me levanté corriendo de la taza para abrir la puerta del armario del baño donde guardo los rollos de repuesto. Mala idea, sin duda, la ley de la gravedad hizo su efecto y algo como (dicho con voz muy grave)… LA GOTITA (próximamente en cines)… me recorrió la pierna recordándome aquél verano en Santa Pola en que las medusas hicieron más agosto que el chiringuito-bar Paco’s. Dicho esto, controlar la temperatura del agua de la ducha fue el menor de mis problemas, sólo hube de pasar por tres estados: quema-quema, fría-fría y hostia puta.
Y a partir de ahí el día vino rodado… cuesta abajo, vamos.
Continuará…

Posdata de S: Feliz lunes, y gracias por vuestros comentarios.


jueves, 8 de noviembre de 2012

Esperando



—¿Lleva usted mucho tiempo esperando?
—No.
—¿Le han llamado ya?
—No.
—¿Y le han dicho algo nuevo?
—Aún no me han llamado, pero lo harán pronto, porque como ya le he dicho no llevo mucho tiempo aquí y de todos es sabido la característica agilidad de los servicios que velan por nuestra salud, por la buena, que no la mala, que esa llega sin que nadie la llame, como una vecina cotilla.
—¿Lleva mucho tiempo esperando?
—No
—No sé qué más preguntarle, quisiera entablar, si usted me lo permite, una conversación; hablando, pienso yo, el tiempo no parece pasar.
—Será que pasa más deprisa.
—¿El qué?
—El tiempo.
—No sé, no creo que llueva. Es que verá, yo llevo aquí ya tres años aguardando noticias, así que no puedo decir que sea mucho; me han dicho que el cambio de turno está a punto de realizarse y pronto me dirán algo nuevo, que si está vivo o muerto yo no lo sé y de todos es conocido, incluso por la vecina cotilla, que un fenecido da mucho más trabajo que un vivo, no sólo por el peso, que también, sino porque hay que buscar tierra y descanso y con lo cara que está la vivienda, sabrá usted, porque de todos es sabido, que el metro cuadrado está por las nubes aunque se mida en la tierra, incluso para lo que los sabios han dado en llamar siempre la última morada. Y usted ¿cuánto tiempo lleva esperando?
—Poco, la verdad. Entré hace un año y medio y ya me han dicho que el cirujano está a punto de bajar, que, claro, por algo se baja a la planta primera cuando uno está una más arriba, porque si no se subiría; vamos que no me han dicho nada nuevo y mire usted que a mí me gustan mucho las novedades, que por algo soy aries, y sobre todo las noticias, las buenas más, claro. Me compro el periódico todas las mañanas, bueno, excepto los números de hace doce meses, que por no salir fuera por si me llamaran..., que ya sabe que basta que uno salga a miccionar siquiera para que le nombren y se le pase el turno como en la charcutería, porque aquí son de los de una y no más Santo Tomás, que luego ya no puedes pasar por eso de que el que se fue a Sevilla perdió la silla, aunque ésta no fuera ni suya: pues ya ve usted que aún no me han dicho nada.

—Vaya.
—Claro.
—No se preocupe.
—Ni usted tampoco.
—Yo creo que estará bien, vivo vamos...quiero decir...
—Yo creo que el mío también, porque un muerto ocupa lo suyo y aquí no se andan con chiquitas, que de todos es sabido, incluso por todas las vecinas del mundo, que aquí lo que menos sobran son sitios.
—Cierto.
—Ya.
—¿Hay hoy partido?
—No compro el periódico desde hace un año.
—Lo había olvidado, claro… Y no sabrá usted si ha habido elecciones.
—El año pasado no las hubo, pero ya estaban empezando a arreglar los baches de las calles, con lo que yo calculo que estarán al caer.
—¿El qué, los peatones?
—No, las elecciones.
—Ah, claro. Gracias.
—Gracias a usted.
—Dicen que cada persona tiene su propio silencio, así que si usted me lo permite voy a callarme, empiezo a hablar sin decir nada.
—Mi vecina dice que casi siempre se dicen más cosas sin hablar que viceversa.
—¿Y su vecina es cotilla?
—Sólo lo necesario.
Dindondín.
—Familiares de un tal Gómez y un García acudan aquí ahora. Por favor. Que somos profesionales y no podemos perder mucho tiempo con ustedes, que como podrán comprender son muchos y a veces parece que vienen a pasar el tiempo libre, que ya lo quisiera yo para mí, que llevo doblando turno desde la última vez que ganamos Eurovisión.
Silencio del señor A.
Silencio del señor B.
Silencio, aunque no sea necesario, de la vecina cotilla.
—¿Usted tiene un Gómez?
—¿Y usted un García?
Silencio (sin dueño).
—Se me olvidó el nombre de mi familiar.
—Y a mí del mío.
—Si estuvieran muertos llamarían, ¿verdad?
—¡Claro, hombre!, no se preocupe.
—Ni usted tampoco.



Pd de S: ¿esperando?, ¿desperando? Un día un médico me dijo que si me extirpaban la ironía podría morir.
Doble posdata: un beso para los sanitarios, y otro para los que esperan.
El lunes vuelve Candela. Y si estás en Madrid capital feliz puente de la Almudena; y si no, feliz viernes, que los viernes también gustan mucho.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Al fresco




 Que te digo yo Manuela que es mejor que no te toque la lotería, que en cuanto uno se vuelve rico lo secuestran. Mira que eres ceniza, Antonia. Si tienes dinero, podrás pagar el rescate. Anda que no os gusta pensar tonterías, y con la gracia ya se me han ido tres puntos del jersey. Pero, Luisa, a quién se le ocurre tricotar en pleno agosto, que te veo la lana y me entran los calores; ¡ay! abanícame que me vienen los pálpitos. Ya podías comprarte un abanico sin puntillas, los de madera serán menos coquetos, pero mueven más aire. Ni púas ni tontás, Luisa, lo que pasa es que es que son las fechas que son y estamos sentadas en la calle tomando el fresco de la noche. 

 
El fresco lo tomarás tú, que ésta lleva ya más de tres tragos al botijo. El agua refresca, dices. Y el anís con el que la castigas también. Si no fuera por el anís… Mirad que se ha quedado la noche despejá y cuajá de estrellas, qué bonito el cielo. ¡Huy!, ¿y eso que brilla ahí arriba?, qué destello tan grande, tiene forma de cazo. Ay, chica, que yo creo que tiene forma de ovni. Y tú qué sabrás si nunca has visto ninguno. En la tele sí, y tenían las mismas luces. ¡Ay, qué fogonazo más grande!, qué deslumbramiento: lo veo todo blanco. Pues yo veo colorines. ¡Manuela, que se acerca! ¡Manuela, que te llevan con la luz!, ¡Manuela, que te abducen!, ¡Manuela, suelta el botijo! Agárrala por los pies. Ya se me han vuelto a ir los puntos del jersey. Ay, madre, que no veo nada. Pero ¿a quién estoy sujetando yo? Hala, nos hemos vuelto a quedar a oscuras. Pues se la han llevado, y con hamaca y todo. Si ya te dije yo que es mejor que no te toque la lotería... Anda, pásame el botijo que se me ha quedado un mal cuerpo...


  
pd de S: Qué despreciado está el mecanismo de los botijos... un beso para todos los botijos (entre los cuales me incluyo).

martes, 6 de noviembre de 2012

Inefable



      En silencio quedó cuando pisó por primera vez el vetusto caserón familiar, aquél que no conocía más que por recuerdos robados a otros. Los soberbios balcones alanceaban el aire; parecían inamovibles, aunque el resto de la casa se viniera abajo. Visto así, el húmedo umbral de madera de roble parecía un elemento absurdo y prescindible. Los escalones, en cambio, se veían taciturnos, llorosos, cansados de gastar el tiempo y estrangulados por el musgo. Al mirarlos sintió el aguijón de una infancia superflua, agotada de cariños ásperos y deseos vergonzantes, de desacompasadas pasiones. Todo quedaba ahora muy lejano. Allí ya no quedaban memorias, sólo sordos lamentos que nada tenían que contarle. Quiso llorar, y sin embargo rió.


No siempre puedes cambiar lo que te rodea, pero sí que puedes decidir siempre cómo quieres tomártelo.
Sonríe y feliz martes

lunes, 5 de noviembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o). La dieta.


          Hoy he descubierto que tengo una papada que parece estar levando y unos mofletes dignos del hámster más feliz del mundo. O dicho de otro modo, que estoy gorda como un botijo. En qué preciso momento gané los cinco (vale, tal vez siete) kilos que me han dejado tan oronda y con la cara tan redonda que siempre parezco tener un cuscurrito de pan en la boca. No lo sé, pero si hubiera de adivinar un día, poner sobre el tapete una hipótesis aproximada, yo diría que fue el 25 de junio de hace tres años. Dicen que los años engordan, pero en realidad lo que no te dicen es que se adhieren a tu culo, cintura, barriga y caderas como si fueran ventosas, sanguijuelas insufladoras de grasa dispuestas a ya nunca jamás abandonarte, ni a ti ni a tu cuerpo, ese ente extraño y cada vez más pesado y ajeno a tu persona. Como si tuviera vida propia, como si en vez de ser bicéfala fueras “bicuérpela” y tuvieras dos cuerpos: uno el que habita en tu cerebro (una imagen trasnochada de lo que fue, como un divorciado fiestero) y el que habita allende tu cuello. 

Pero yo, lejos de darme por vencida y tras mirarme unas cuantas veces (diecisiete en concreto) en el espejo de cuerpo entero que compré en una conocida cadena sueca de muebles, he decidido ponerme a dieta, aunque aún no sepa a cuál. Llegado a ese punto, hube de hacer inflexión y mirar mi interior y preguntar: ¿qué dieta hago?,¿a qué gurú sigo?; ¿me pongo con la dukan, la disociada, la de la zona, la de la alcachofa, la hipocalórica, la que sigue los biorritmos, o tal vez la del cucurucho como sugiere mi marido? 
Lejos de azorarme ante mis dudas existenciales ahondo más a fondo y más pa’dentro, como un reportero de callejeros barriobajeros (con todos mis respetos a los callejeros y a los barriobajeros). Tal vez deba plantearme renunciar a algunos “caprichitos” como el bizcocho de chocolate del café o los pistachos de antes de la cena, o quizá sean los berberechos y mejillones con patatas fritas del vermú de los domingos (acabo de darme cuenta de que si digo vermú muy rápido sale algo muy parecido a ver un emú: vermú-vermú-ver-er-mu) ¿Tendrá alguna relación los emús con los vermús?, ¿habrá quien tome emús con el vermú? La de vueltas mentales que doy con tal no pensar en hacer dieta. No puedo, me pone de muy mal humor pasar hambre, no lo voy a negar. Es más, conocer a alguien cuando tiene sueño o hambre es un dato clave para descubrir su personalidad más profunda y básica, aquella por la cual podremos discernir si somos compatibles o no, o cuando menos si podríamos sobrevivir a un reality tipo gran hermano o no te alejes que te pierdes por esta isla de mierda.
Lo dicho: el próximo lunes sin falta comienzo la dieta… eso o quito el espejo de la habitación.
XOXO (que no es “chocho” en andaluz, sino besos y abrazos en inglés).

viernes, 2 de noviembre de 2012

Aforismos y reflexiones de andar por casa



  • Nada me inquieta más que la paciencia.
  •  ¿Fue Drácula quien inventó los comentarios incisivos?
  •  El universo no es más que un verso de una sola línea.
  •  Si se juntan la paz y la ciencia, ¿sale un experimento muy tranquilo?
  •  Si un alemán es muy guapo, ¿está bábaro?
  • Cuando te cortas el pelo, ¿te quitas un peso muerto de encima? 

El lunes empezará una pequeña serie de relatos de Candela, versión original. Un personaje que espero que os guste y sobre todo que os haga reír.

Ánimo que por fin es viernes.