lunes, 31 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela. (v.o.). Navidad



Qué bonitas son las cenas navideñas… No te rías, que lo digo en serio. Nada hay más hermoso que una reunión familiar. Y eso te lo digo yo, que estoy a punto de dar cita previa a toda mi parentela si quiere venir a visitarme.
Sin embargo, en estas fechas no hay nada que motive más para levantarse pronto de la cama que pensar en una conjunción de tíos, primos, cuñados- barra- cuñadas y suegros varios para hacer acúmulo de resquemores y escozores para el resto del año. Porque hay reuniones familiares que queman más que palabras de suegra.
Y es que si Ricardo III –barra- Shakespeare daría su reino por un caballo: “A horse, a horse. My kindong for a horse (que menos mal que el inglés te lo estoy escribiendo y no pronunciando, que si no sería cual futbolista: A jorse, a jorse. Mai kindonghg for a jorse), yo hay días que soy capaz de regalarle no solo el caballo sino la familia entera montada encima.
No voy a mentir, alguna que otra vez se me abren las carnes sólo de pensar en esos salones patera en los que pretendemos cenar casi treinta personas alrededor de una mesa de alas en un salón que sería un reto hasta para los diseñadores del Ikea (y mira que Hansën Handenselowöigen y Karinäa Gühkstandefroindistasen son capaces de crearte espacios hasta en una favela de Río.
Y a pesar de todo… cada año nos ponemos nuestras mejores galas (eso sí cambiando los tacones por zapatillas de felpa nada más entrar por la puerta, y qué divina se queda una emperejilada con su modelito y estrenando medias… y en los pies esas chanclas, que casi siempre te quedan un número más pequeño, con ese Winnie the Pooh bordado en la parte delantera y el borreguito blanco saliendo cual pelo afro por los laterales, un Winnie que además no te motiva en absoluto a moderarte con los mantecados)…
… Y cada año repetimos. ¿Por qué?
Quizá porque el espíritu navideño cuando entra por la puerta, si no se tira por la ventana y decide quedarse, nos inunda los corazones de bienestar y alegría, vete tú a saber los motivos y razones. Tal vez porque, con nuestros más y nuestros menos, en el fondo sabemos que nos queremos.

Decálogo de la buena Navidad:

Achispados unos, borrachos perdidos otros, en toda celebración que se precie tiene que haber:

  • una abuela/ madre que cuenta un chiste verde dando un gritito de pudor al final 
  • un tío regordete que cante una jota o canción regional 
  • un momento de tensión
  • un aquí no ha pasado nada y que siga la fiestaaaaaaaaaaa 
  • alguien que te llene el plato como si no hubiera un mañana 
  • alguien que te rellene continuamente sin que te des cuenta la copa de sidra/cava/vino y pases toda la noche sin saber quién es 
  •  ruidos y jolgorios varios (en este caso que la tele esté puesta “para crear ambiente” es opcional)
  • una botella de anís con una cuchara sopera incluida 
  •  una bandeja llena de dulces y que misteriosamente no quede justo el que tú querías 
  •  un juego de mesa que acabe provocando más conflicto que los señores de la guerra en África


…Y, por último, el consejo que me daba mi abuela Rosita: “Niña, moja los polvorones en sidra que si no luego eso hace bola”.

¡Feliz Año Nuevo!

 
Mecano. Un año más.

Pd. de S: Feliz año nuevo, Candelas y Candelos. Que el 2013 os traiga todo lo que pidáis... y mucho más. Buen lunes y mejor año. 

 

lunes, 24 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Besos



Hace unos días me quedé reflexionando un buen rato en la marquesina mientras esperaba el autobús de vuelta a casa. Y es que hay un tema que lleva preocupándome ya un tiempo. Por qué no inventamos un código común para ponernos de acuerdo en cómo dar dos besos. Y es que no hay nada tan peliagudo en fiestas navideñas, y de guardar, reuniones familiares, bodas, bautizos, cumpleaños y eventos varios en los que se reúnan más de tres personas en las que alguno no trastabille a la hora de plantar mejilla. Es en ese momento, en esa exacta conjunción mejilla-labio, labio-mejilla, cuando se produce un meneillo estúpido entre ay que voy para este lado, tú también, no, pues yo para el otro, hay ahora los dos otra vez, huy casi un piquito. En ese punto los interfectos se paran, se ríen nerviosamente y se asen con las manos por los hombros o la parte alta del brazo, como diciendo: “coño, a ver si nos aclaramos: yo para la izquierda y tú para la derecha”. Ahora sí: dos besos cumplidos. Chin-pun.

Los amantes. René Magritte.
Por supuesto también está el tema: tipos de besadores.
Hay quien pertenece a la categoría, según mi abuela, de besador “asquerosillo”. Un asquerosillo es aquel que te da dos besos pero como si no, o mejor dicho, ni siquiera te da dos besos, como mucho te pone la cara y tan ladeada y de modo tan frugal que básicamente te quedas con los morros al aire al estilo besugo del cantábrico.
En otro nivel habitan los “ventosas”, departamento estanco también bautizado por mi abuela. En este apartado tienen cabida todos aquellos seres, entes y personas que tras depositar sus labios en tu rostro succionan todo aire de tu moflete, envasándolo al vacío, para que en el mismo instante de su separación de la carne se produzca un sonido tal que te deje próximo a la sordera y con una mano intentando apaciguar con disimulo el pitido del tímpano.

El beso. Gustav Klimt

Pero sin duda, los que más me gustan de esta somera clasificación son los besos de agüela, designados así por mí y no por mi nana (para ella son simplemente besos, también llamados ósculos y qué me gustan a mí los ósculos oscuros de tu boca). En este último apartado deben incluirse todos aquellos que cariñosos e impetuosos sujetan tu rostro con ambas manos y besan tu mejilla reiterada y sonoramente en un beso que no es uno sino muchos, muy rápidos y muy seguidos. Te dejan sorda, algo babeada pero con la grata sensación de sentirse querido. Muy propios de personas mayores y tías lejanas del pueblo con delantal de cuadros y zapatillas de cuña y felpa, estos arrumacos son comparables a los "besos baba".
La Virgen y el Niño. Van der Weyden
Los "besos baba" son los que nos emperramos que nos den los bebés e infantes cuando ellos ni siquiera saben dónde están. Y a continuación viene el dilema: ¿me limpio o no me limpio disimuladamente con la mano la cara? Aquí no hay más que decir que depende de lo que te una al niño y lo escrupuloso que seas.
En fin, que tipos y formas de besos hay muchos, que no siempre queremos darlos o que nos los den, pero que como es algo que nunca se gasta… ¡besémonos seres por doquier! y llenemos el mundo de besos y versos. Que más de uno debería cerrar la boca y besar que abrirla y criticar.
Feliz Nochebuena y Feliz Navidad.

Pd de S: Al igual que Candela, os deseo Felices Fiestas a todos.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Expectativas



         Qué malas son las expectativas. No hay nada peor que tenerlas, decía mi amiga Carolina en el instituto cada vez que pasaba el guaperas de López en chándal por mitad del patio a la hora del recreo.
        
          Cuánto tiempo hacía que no pensaba en Carolina… Y de pronto me acordé de que cumplía años el 21 de diciembre, el mismo día que según los mayas (que no tenían años bisiestos ni calendario gregoriano) nos va a salir el rótulo de game over. Y me dije: “Nena, que te vas para el otro barrio con el tinte sin dar”.
Acto seguido, asustada de mi propia superficialidad, pensé que tenía conseguir un libro, como mínimo, de Kundera o de Kafka, para frenar los estragos de la banalidad. Y así ufana y decidida a emprender el camino de la sabiduría me metí en el metro para ir a la biblioteca del centro.

 …¿Pero que te pasa a ti todo en el metro? ¡Claro, si me paso media vida dentro!

         Llevaba recorridas unas dos paradas de trayecto, cuando se abrieron las puertas y entró en el vagón un jovenzuelo con cascos, pantalones de tiro bajo, pero que muy bajo, y el pelo verde (el mismo tono que se te queda si eres rubia y no tienes cuidado con el cloro de la piscina en verano).
Yo le miraba, no porque me sorprendiera que nadie llevara el pelo de semejante tono (todo el mundo sabe que las nuevas californianas son las mechas pastel), sino porque me daban ganas de subirle la cinturilla (temerosa de Dios porque se le viera el culo y pasara el chaval el mal rato que me llevé yo el día que se me ocurrió ponerme leggins). Cuando de repente, entre meneillo y meneillo de suburbano, el joven empezó a realizar unos pasos de break dance sin soltarse de la barra, como una stripper profesional donde las haya.

Dirty Dancing
         El movimiento era pie derecho lo giro 90 grados - subo el hombro contrario - cabeza pa’ allá - golpe de nuca pa’ acá - cadera Shakira - pierna y rodilla adelante y arriba - saco pecho palomo y pa’ dentro otra vez.
Anda, pensé yo, como los de Upa Dance (coletilla: un paso adelante). Por supuesto, como era de esperar, mi imaginación comenzó a volar y ya lo visualizaba con Sergio Alcover en la batalla del street style de un programa de baile vespertino. Qué emoción. La fama cuesta. ¿A cuánto está el kilo de fama en el mercado? No podía evitarlo. Me quedé mirándole sin disimulo, aprovechando, todo hay que decirlo, que tengo cara de despiste por naturaleza y que el peliteñido iba a lo suyo. ¡Qué ganas tenía de ver la coreografía entera!
         Y sin embargo…
         Qué razón tenías, Carolina. Pero qué malas son las expectativas.
        Para mi decepción, lejos de innovar, el chaval entró en un bucle infinito y no paró de repetir el mismo tembleque durante cinco estaciones. Y yo, con los ojos como platos y el ansia desbordada esperaba una pirueta, un doble mortal hacia delante, un “ahora se arranca y pega un salto a lo Dirty Dancing para que le coja en volandas el obrero que está al fondo”. Pero nada. Inversión cero en I+D: ningún paso nuevo. Total, que al final llegó mi parada y me tuve que bajar. No sin antes mirarle digna y altanera al pasar por su lado con unas pupilas que claramente decían: “Desde luego, no te da vergüenza ir creando esa expectación en la gente. Coherencia, amigo: no se puede llevar el pelo verde y luego ser tan soso”. 

Pd de S: No permitiré que el lunes me arrincone.  Ahora mismo me voy como Candela a por un libro y un tinte, por si las moscas.
Gracias por leer y comentar.
Feliz lunes, candelas y candelos. 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Octosílabos


Torre del reloj; Praga.

Préstame sólo un minuto
y tuya es la prímula
rosa que late en el centro
de este mi térreo cuerpo.

Préstame sólo un minuto
y prometo capturarte
el cierzo escondido tras
rincón en noche de invierno.

Regálame de tu tiempo
sólo un minuto y serán
tuyas las horas robadas
a Crono y Kairós el vero.

Marcharán la confusión
y la ira, y trocaré mis
vesanias por nueve musas,
del asfalto la canción.

Juro ser tuyo, eterno y
vivir contigo sin prisa
si me regalas la risa
y un minuto de tu tiempo. 


Pd. de S: De nuevo, el tema del tiempo vuelve a surgir, haciendo honor al título del blog. Aunque más que octosílabos debió titularse experimento (o qué ignorante es el atrevimiento). Sólo espero no haberles agriado la leche del café a los amantes de la poesía... 
Gracias por leer y comentar.
Feliz miércoles.




lunes, 10 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.) ¿Tú también, Alfred?



      Hoy me he levantado filosófica, estoica, eremita, anacoreta, seudobudista y cansina, decidida a encontrar las claves de esta nuestra deshumanizada sociedad y así adentrarme en sus comportamientos sociológicos más profundos. O lo que es lo mismo, me he liado a cotillear en Youtube. Pero, claro, qué buscar, qué teclas pulsar para hallar las respuestas adecuadas. Ni idea. Así que simplemente he ido enlazando vídeo tras vídeo sin lógica ninguna hasta que, tras tres caídas en bicicleta, un perrito bailando y un coreano haciendo el potrillo de Utrera, me he topado de frente con un hito de la infancia: Alfred J. Kwak. Qué dicharachero animalillo humanizado. Qué ternura y qué recuerdos. Y qué hijo de su madre el pato. Qué puñal traicionero me ha clavado en el pecho (¿tú también, Alfred, hijo mío?). Pero por qué dices eso, Candela, os preguntaréis azoradas ante tan brutal aseveración. Os cuento. Inocente de mí, he dado al play del vídeo y la sintonía de la serie ha empezado a sonar dicharachera y alegre. Una voz aguda e infantil entonaba la jovial melodía mientras los personajes acompañaban las letras del final del capítulo. Qué bullir interior más majo. Ole, ole, pensaba, mientras movía la cabecilla de un lado a otro acompañando las notas y el tono del infante. Hasta que ¡ojo!, qué desazón en el pecho. Aquí hay mensaje subliminal, pensé, y yo no me estoy enterando, ¿acaso quieren que me aliste en el ejército o que me compre un refresco de cola…?
No me quedaba más remedio que investigar y analizar la letra de la canción.
Atentos todos:

Me siento muy feliz,
feliz, tan feliz.

Comenzamos bien, qué alegría, qué alborozo.

Hoy me siento tan feliz
que no hay penas en mí.

El ánade de nuevo comparte con nosotros su estado de ánimo, que, en principio, lo tiene por las nubes.

Nunca estuve tan feliz,
feliz, tan feliz.

Aquí Alfred empieza ya a rebozarnos por las narices su euforia, cosa que le perdonamos por ser tan mono (tan pato, bueno que no es un mono, sino un pato mono, de bonito, no de primate, vamos).

Tan feliz voy a ser
cuan largo el día es.

Muy bien, Alfred, proactivo, con pensamiento positivo. Visualizándote a ti mismo en la meta, como si entrenaras para unas olimpiadas.

Pero… ¡Inflexión!... A partir de aquí es cuando el patito, como el que no quiere la cosa, te mete más miedo en el cuerpo que una hipoteca.

A veces estoy infeliz,
infeliz, infeliz.
Tiene miedo a sufrir
y de miseria morir.

¡Recoña, no se te ocurría otra cosa que decir! Pero ¿de quién estás hablando? ¿Y no podrías apuntar penurias algo menores?, ¡que tu target de público ronda los cinco años, hombre! No sé, como “a veces estoy infeliz porque se me ha roto una pintura y no tengo el sacapuntas a mano o me he comido mi último trozo de plastilina”…
No, el palmípedo con bufanda tiene que anticiparte, para que se te grabe a fuego en el subconsciente, que la vida es una jungla en la que a la que te descuidas te hacen el trenecito.
Y para finalizar, se hace el sueco y, quedándose tan pancho, se despide jocoso como si no te hubiera dicho nada que pudiera afectarte ni crearte desazón alguna.

Qué alegría que me dieran.
Fue emocionante hablarles.
Les digo adiós,
hasta la próxima vez.

Hala, cómo se te ha quedado el cuerpo.
Para que te fíes de los dibujos animados.
Pues, Alfred, una cosa te digo, sin acritud ninguna, la próxima vez vas a hablarle a tu prima la de Cuenca.



 Pd de S: Muchas gracias por las visitas y los comentarios. El miércoles volveré a publicar.
Feliz lunes, Candelas y Candelos.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o). De cómo descubrí que los leggins no son pantalones


          

Desde que leo blogs de moda donde las famosas muestran sus modelitos y su día a día me ha dado por hacerme la moderna que te cagas. Así que hace unos días al levantarme, y tras la ducha y café de rigor, me planté como una maceta delante de mi armario y me dije: “Candela, reina mora, hoy te vas a poner unos leggins… con dos cojon…”. Ni corta ni perezosa rebusqué en el cajón y saqué aquellos perfectos elásticos aún sin estrenar y me los embutí como morcilla de Burgos. Por arriba un jersecito y por abajo unas botitas. Hala y tan mona que me fui a la calle, dispuesta a decirle al mundo: “Ojito conmigo que soy urban chic, casual look, lady boho y autónoma”. Cuando pasé por la esquina de la calle allí estaba Teresa dispuesta a obsequiarme con su piropo habitual.
Teresa es mi vecina del quinto, una señora con la cabeza más para Cuenca que para Albacete que tiene locos a los hijos pues se pone a pedir en la esquina de mi calle con un vaso de plástico y una radio transistor que sintoniza coplas. A todo el que pasa le dice: “Puta, puta, puta”, sea hombre o mujer, todos por igual, porque la señora Teresa de sexista no tiene un pelo.
Así que tú le dices:“Buenos días, Teresa”.
Y ella responde:”Puta, puta, puta”.
Y a la vuelta: “Ha quedado buena tarde, Teresa”.
Y ella: “Puta, puta, puta”.
       Bueno, la cuestión es que yo me creía chic y divina hasta que a mitad de mañana unos obreros se santiguaron al verme pasar. Petrificada ante el gesto me giré sobre mí misma como un perrete en busca de su cola. Y de inmediato me vi reflejada en el cristal del bar Manolo frente a la obra… Y allí estaba en toda su gloriosa extensión: mi trasero. Ahora entendía el ademán, alguno de ellos tendría una hija adolescente y no hay nada más maligno para un padre de quinceañera que los leggins… ¡¡que transparentan el culo!!

        Dios, qué vergüenza. Quería que me tragaran las alcantarillas aunque dentro se escondieran caimanes o bombas de la guerra. En un acto reflejo me llevé las manos al pompis intentando ocultar lo inocultable y con toda la dignidad que fui capaz de encontrar en mi interior me dirigí aprisa a una famosa cadena de medias. Una vez dentro, atacá de los nervios, agarré a la dependienta por banda y le dije: “Necesito otros… porque mira”, dándome media vuelta y señalando con mi dedo índice acusador el epicentro del asunto.
“Claro, es que a veces pasa, si no coges la talla correcta… Voy a buscarte una más grande”, me dijo sonriente tras mirarme la etiqueta.
¿Estaba entendiendo lo que había entendido?, ¿resulta que el problema no era que algunos leggins tenían menos gramaje en la tela que un folio de los baratos sino que yo estaba oronda y botija?
En fin, no quise entrar en polémica y muy digna, respondí “Ah…, gracias”. Aunque todos sabemos lo que en realidad estaba pensando: “Puta, puta, puta”.

Pd de S: Un beso para las dependientas y otro para las morcillas de Burgos (entre las cuales me encuentro).
Feliz lunes