martes, 27 de noviembre de 2012

Otoño




Anciano llegas ya Otoño
y ningún vivo te aclama.
Protestan las almas que
mustio y sombrío te llaman,
más con colores de fuego
de a poco a todos te ganas.


Pd de S: hoy haciendo pruebas con otros formatos literarios. Que me perdone el otoño y todos los amantes de la poesía.
Feliz martes.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Sonrisa ciborg



          No hace mucho, la semana pasada para ser más concretos, hacía mi entrada triunfal a las ocho y cuarto de la mañana en el andén del metro dispuesta como siempre a pasar otro día más de sueño y desidia… Vamos, lo que viene siendo motivación vital. Como siempre, el piloto automático condujo mi cuerpo hasta la mitad del anden, justo a la altura de un banco, que nunca está vacío (no sé para qué leches voy), y una pantalla de tele de la red del suburbano, una cadena que reproduce en bucle infinito los mismos reportajes subtitulados desde 1924, alternado eso sí con un simpático mapa del tiempo donde soletes con caritas sonrientes y nubes sin rostro (pobres nubes, injustamente condenadas a no tener faz)… por donde iba… ah, sí… que estaba viendo la mierda de tele del metro mientras me quitaba la chaqueta cuando el rabillo del ojo se me fue a la revista que estaba leyendo una señora que había tenido la fortuna de conseguir asiento en el poyo. Era una de esas publicaciones en las que la gente posh enseña sus casas y muestra en exclusiva su primera boda y la primera vez que sus retoños emiten un provechito (que no haya sonido no es impedimento, el redactor describe en perfecta narración lírica el eructito del nene y la mirada, embelesada, siempre embelesada, de sus papás). Mientras la señora pasaba las páginas, mis retinas paseaban curiosas por las fotos. Hasta que aquello llegó… Qué eran lo que veían mis ojos, pétreos e impávidos ante semejante estampa. ¡Era la sonrisa ciborg! Dios, qué repelús. Un escalofrío me recorrió toda la médula, desde el cogote hasta la curcusilla. En la imagen, las dos mujeres, más pijas que la comida deconstruida, posaban casi de perfil, con las manos de una sobre los hombros de la otra, con un gesto amago de ay, Mari, que te voy a abrazar o a escupir, no lo tengo muy claro aún.
Bob Esponja también quiere ¡dientes, dientes!
 Nada impactante, en principio, nada fuera de lo común en ese tipo de publicaciones, hasta que la vista se anclaba en esas bocas entreabiertas de ¡dientes, dientes!, que es lo que les j… que dijo quien ya sabes. Un par de hileras de simétricos, perfectamente alineados y sobre todo fosforescentes dientes rebotaban contra la retina del lector todo el flash utilizado en la instantánea. Era prácticamente imposible fijarse en otra cosa que no fueran aquellas dentaduras, que, si en un principio parecían perfectas, poco a poco iban introduciendo miajas de terror por las venas. ¿Pero por qué no tenían una sonrisa humana? ¿Y qué componente tenía su pasta de dientes? ¿Lejía? La tensión poco a poco iba in crescendo dentro de mí. No podía dejar de mirar. Las de postín me habían atrapado (y a la señora yo creo que también, porque que no pasaba la página ni a la de tres y tampoco se llevaba el dedo a la lengua para mojárselo, signo inequívoco donde los haya). A punto estuve de tener un ataque de pánico. Menos mal que el chirriante sonido del metro entrando en el andén desvió mi atención y pude volver de nuevo al mundo de las personas, donde los dientes tienen forma anatómica, tonos fuera de la gama de los Pantone y los incisivos se diferencian de los molares sin tener que hacer carrera en Salamanca. 

Pd de S: Cuando tengo un mal lunes, me encanta echarle una sonrisa ciborg y ¡dientes, dientes!
Gracias por leer y por vuestros comentarios.
Feliz lunes 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Sueños de jueves



Alphonse Mucha. Descanso nocturno
En el cielo de los relatos, en el limbo de las historias, acurrucada en tu gesto te pediré una. Una que salga de tus ojos y llene por completo este cuarto de azul que aparte las sombras del lunes, del martes, del miércoles… Quiero que apagues la luz con un verso y dejes que sueñe de nuevo que tengo sueños que sueñan por dentro como siempre pensé que soñaban las hadas de bosques eternos vestidos de verde y de fuego. Ahora, atento, abre las manos y escucha por dentro, porque es jueves… y comienza otro cuento. 


Pd de S: A veces tengo sueños que sueñan por dentro ¿y tú?
Feliz jueves
 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Hairdresser



Qué tendréis las peluqueras, mis queridas peluqueras, que tanto juego dais. Qué idioma habláis tan lejano al mío que parecemos entendernos y sin embargo no. Como cuando vas a Italia y vanidosa medras porque crees comprenderlo todo, pero luego resulta que no entiendes ni papa y acabas pareciendo turista y gilipó.
En fin. Hace no mucho fui a cortarme el pelo, algo sencillo en principio. Quería hacer un pequeño cambio, nada brusco ni exagerado, algo así como ni fu ni fa, pero hay que ver mari qué mona, monísma te han dejado.
Quimeras… ideales, ilusa de mí e infelice que diría Calderón (de la Barca).

-Mira, Maribel -le dije yo a mi peluquera de hace ya algunos años-, qué te parece si me cortas un flequillo de esos que se llevan ahora, que se parten y abren en mitad de la frente como una cortina. ¿Qué tal me quedaría a mí?
-Ay, sí, como lo llevaba Brigitte Bardot, pero lo modernizamos un poco conservando la esencia, verdad. Lo texturizamos de medios a puntas descargando la base -me dijo ella, y prosiguió colocándome el babero gigante que te ponen siempre antes de cortar la melena: -Venga, que te voy a hacer un corte que se va a cagar la perra de bonito- sentenció.
Porque mi Maribel siempre empieza los discursos muy glamurosa, pero los acaba poligonera perdida. Cosas de comprarse el piso de protección oficial en el extrarradio, supongo.
Aquello, sin duda partía de una buena base. Y no lo digo por mi porte y percha, sino porque la idea había quedado clara, clarísima; o eso creía yo… Entonces… Por qué, Maribel, por qué.

Cuando acabó con las tijeras y me secó el pelo, la perra no sé si acabó defecando, pero la que casi se hizo popó en las mallas fui yo. El espejo no dejaba duda alguna. Ahora era una raza mestiza entre un gremlin recién levantado, de muy mala guasa, por cierto, y la “cuarta” de Bananarama en su verano más cruel. Aquello era un césped, una orgía de trasquiloncillos, también llamados, “que te descargo la mecha para que no coja tanto cuerpo”. Cuerpo, pensé, deja que al menos algo aquí coja cuerpo porque el mío acaba de desencajarse y descomponerse. Inexplicablemente, y que ningún científico ose refutármelo, acababa de transportarme en una máquina del tiempo hacia 1983. O eso, o yo tenía moto y no me había enterado, porque aquello no era volumen, sino un casco en toda regla.
Ay, Maribel, y, entre tanto, tú con esos ojillos juguetones me preguntabas si me gustaba y sin darme tiempo a contestar (qué manía) me decías ipso facto: “Te ha quedado genial”, “mira, luego tú en casa te lo peinas así y asao”, mientras con ambas manitas abrías, aplastabas y recolocabas aquél sindiós de pelillos tiesos que lejos de apartarse hacia mis sienes se proyectaban firmes hacia delante, como si mis pensamientos se hubieran armado de bayonetas capilares para defenderse del mundo exterior.
Ay, mi querida Maribel, por qué tanto odio de vuestro oficio hacia los humanos. No se vio jamás semejante desafecto desde que los uruk hai quisieron conquistar la tierra media.


Pd: de S: un beso para las peluqueras y otro para los uruk hai, que estoy segura de que se quedaron así porque de pequeños nadie les dio abracitos ni onzas de chocolate con pan.
Feliz lunes.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Los Tempos




          Hay días en que creo que eres otro y no tú. Cuándo comprenderás que no es el tiempo lo que soluciona las cosas sino el querer arreglarlas: con palabras, con actos. El mero transcurrir de las horas no las hace mejores, sólo las vuelve más viejas, las enquista y las pudre. Y abonada bajo un mantillo de días, la recriminación tarde o temprano renace bravía; presto el combate entre el olvido forzado y el hiriente reproche. Es una daga loca y ciega que sale a morir matando como un guerrero que ha cantado por tres veces su ¡aú, aú, aú! Y se golpea los pectorales como un primate, porque… en el fondo, eso es lo que es… eso es lo que somos: animales salvajes con bozales de civilización.

Incluso en la discusión, cuán diferentes son nuestros tempos.
Tú crees que el olvido es azul como el frío.
Yo hiervo al tic tac del reloj.


Pd de S: la semana que viene publicaré relato el lunes y el jueves. 
Doble posdata: que vuestros bozales de civilización sólo os aprieten lo justo, que es viernes, ¡biennnnnnn!

jueves, 15 de noviembre de 2012

Dadá


Cojo tu libro favorito del estante, no sé muy bien para qué. Calculo su peso a pulso de la mano, me lo acerco a la nariz y lo olisqueo como un lebrel. Luego comienzo a mirarlo, fijamente, tanto que me quedo bizco. Ya sólo me queda ir al baño y sacar del mueble gavetero las tijeras que utilizas para recortarte los pelitos de las cejas. Emocionado corro por el pasillo hasta el salón. Y allí arranco todas las páginas impares, y de ellas recorto cuantas palabras me vienen en gana. Al caer los trocitos de papel sobre la mesa, la sala se ha llenado de vampiros y templarios y hombres lobo rasurados que se volverán perretes al cabo de 300 meses.
Al pronto entras por la puerta y con los ojos muy abiertos me gritas.
¡Pero es que sigues sin entender que quiero ser dadaísta!



Pd de S: para todos los que alguna vez habéis tenido ganas de recortar de la vida sólo lo que os dé la gana y colocarlo a vuestro antojo y reíros de hasta vuestra propia sombra. Feliz jueves dadá.

martes, 13 de noviembre de 2012

Amor




         En el quinto piso vive un matrimonio siempre en trifulca. Ella antes era guapa y amable, ahora ha perdido mucho peso. Oigo cómo discuten a través de las finas paredes. Los tabiques son como folios y el sonido reverbera de modo casi ofensivo. A veces siento pudor y ganas de irme de mi propia casa por el simple hecho de oír sus reproches, tan íntimos, tan suyos. Al final un portazo pone punto final a su discusión y mi vergüenza. Entonces, para tomar aire, me acerco a la ventana y miro la calle. Hace diez años que me vine a vivir aquí. Me pareció un buen barrio, tranquilo si se quiere, vital si se busca. No me costó mucho acostumbrarme a echarte de menos, incluso hoy, en las raras ocasiones en las que barajo la posibilidad de mudarme acabo por descartarlas rápidamente. No creo que cambie nunca, y eso que en las habitaciones no entra demasiada luz. Dan a un patio interior, tan estrecho y tan grisáceo que parece una fosa puesta de pie. La luz del sol sólo prende en la parte superior, como un fósforo que arde, mientras abajo sólo queda la madera, cada vez más quemada, cada vez más negra. Contradictorio. Quizá por eso hay veces que me siento en vivas llamas y otras me consumo a fuego lento, fatuo. Entonces de nuevo vuelvo a la ventana, y otra vez miro la calle y la vida de los otros por el cristal. En esos días el asfalto me parece más gris y el cielo más fino, a punto de pincharse con la aguja del edificio Chrysler y caer en un sueño de cien años. Pero me equivoco. El cielo siempre se arquea. Y nosotros nos quedamos con cara de tontos dibujando lazos que pretenden atrapar el infinito. Complicando los recuerdos. Escuchando portazos en vez de risas. Y mirando siempre hacia atrás cuando nos vamos a marchar de algún sitio en el que hemos estado de vacaciones. Y al montarnos en el coche nos revolvemos incómodos como un gato que no encuentra la postura en el sillón y da tres vueltas antes de enrollarse. Porque nadie nos enseña a despedirnos. Porque yo sólo quiero volver a encontrarte. Amor. Y, otra vez, hoy, volveré a buscarte en todos los rostros.

Je veux de l'amour, de la joie, de la bonne humeur

(La canción es Je veux, de Zaz)


lunes, 12 de noviembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o.). Desencuentros

                     Desencuentros
            Hoy he tenido un día de desencuentros. Sin duda alguna puedo decir que desde primera, primerísima hora de la mañana (6:40 h para el locutor de la radio despertador), los acontecimientos más nefastos se han ido sucediendo como en una película de adolescentes en las que hay un cambio de cuerpos y almas entre feas y populares o pibones y viejunis.
                  Nada más despertarme y antes siguiera de darme tiempo a salir de la cama me ha dado un tirón en la pierna y se me ha subido la bola del gemelo de la pierna derecha. Como acto reflejo he ido a tocarme el músculo y proferir un alarido, que he contenido por compasión marital, pues no quería despertarle, y aquí es donde viene la segunda desgracia, por no gritar me he mordido el labio y parte de la lengua, con estos mi grandiosos dientes de conejo de la Metro (Goldwyn Mayer. No, espera, eso era un león, ¿no?). Da igual. Un hilillo de sangre ha empezado a surgir del labio inferior al mismo tiempo que presentía que acabaría hinchándose. Por lo menos hoy me pareceré a la Jolie o a la Scarlett y su boquita de piñón. Está claro que el que no se consuela es porque no quiere. Sin embargo los planes de conseguir un morramen sensual se me han ido al traste nada más levantarme, ahora sí ya por fin, de la cama.
              Como no podía ser de otra manera he conseguido llegar al baño cojeando un poco, dolorido aún el gemelo, y con el pipí mañanero ha llegado el tercero de los eventos: no quedaba papel en el portarrollo. Mi marido, mi queridísimo marido, aquel al que por no despertar hacía unos minutos me había mordido el labio, había dejado límpido el rollo de cartón tras acabarlo. No sé por qué le di con la mano para que girara, parecía la ruleta del juego de cifras y letras que siempre sacamos en la sobremesa de Navidad. Mientras sopesaba mis posibles opciones decidí que era mejor actuar que pensar, al fin y al cabo todavía no me había tomado ni un café. Y creyéndome más rápida que la luz me levanté corriendo de la taza para abrir la puerta del armario del baño donde guardo los rollos de repuesto. Mala idea, sin duda, la ley de la gravedad hizo su efecto y algo como (dicho con voz muy grave)… LA GOTITA (próximamente en cines)… me recorrió la pierna recordándome aquél verano en Santa Pola en que las medusas hicieron más agosto que el chiringuito-bar Paco’s. Dicho esto, controlar la temperatura del agua de la ducha fue el menor de mis problemas, sólo hube de pasar por tres estados: quema-quema, fría-fría y hostia puta.
Y a partir de ahí el día vino rodado… cuesta abajo, vamos.
Continuará…

Posdata de S: Feliz lunes, y gracias por vuestros comentarios.


jueves, 8 de noviembre de 2012

Esperando



—¿Lleva usted mucho tiempo esperando?
—No.
—¿Le han llamado ya?
—No.
—¿Y le han dicho algo nuevo?
—Aún no me han llamado, pero lo harán pronto, porque como ya le he dicho no llevo mucho tiempo aquí y de todos es sabido la característica agilidad de los servicios que velan por nuestra salud, por la buena, que no la mala, que esa llega sin que nadie la llame, como una vecina cotilla.
—¿Lleva mucho tiempo esperando?
—No
—No sé qué más preguntarle, quisiera entablar, si usted me lo permite, una conversación; hablando, pienso yo, el tiempo no parece pasar.
—Será que pasa más deprisa.
—¿El qué?
—El tiempo.
—No sé, no creo que llueva. Es que verá, yo llevo aquí ya tres años aguardando noticias, así que no puedo decir que sea mucho; me han dicho que el cambio de turno está a punto de realizarse y pronto me dirán algo nuevo, que si está vivo o muerto yo no lo sé y de todos es conocido, incluso por la vecina cotilla, que un fenecido da mucho más trabajo que un vivo, no sólo por el peso, que también, sino porque hay que buscar tierra y descanso y con lo cara que está la vivienda, sabrá usted, porque de todos es sabido, que el metro cuadrado está por las nubes aunque se mida en la tierra, incluso para lo que los sabios han dado en llamar siempre la última morada. Y usted ¿cuánto tiempo lleva esperando?
—Poco, la verdad. Entré hace un año y medio y ya me han dicho que el cirujano está a punto de bajar, que, claro, por algo se baja a la planta primera cuando uno está una más arriba, porque si no se subiría; vamos que no me han dicho nada nuevo y mire usted que a mí me gustan mucho las novedades, que por algo soy aries, y sobre todo las noticias, las buenas más, claro. Me compro el periódico todas las mañanas, bueno, excepto los números de hace doce meses, que por no salir fuera por si me llamaran..., que ya sabe que basta que uno salga a miccionar siquiera para que le nombren y se le pase el turno como en la charcutería, porque aquí son de los de una y no más Santo Tomás, que luego ya no puedes pasar por eso de que el que se fue a Sevilla perdió la silla, aunque ésta no fuera ni suya: pues ya ve usted que aún no me han dicho nada.

—Vaya.
—Claro.
—No se preocupe.
—Ni usted tampoco.
—Yo creo que estará bien, vivo vamos...quiero decir...
—Yo creo que el mío también, porque un muerto ocupa lo suyo y aquí no se andan con chiquitas, que de todos es sabido, incluso por todas las vecinas del mundo, que aquí lo que menos sobran son sitios.
—Cierto.
—Ya.
—¿Hay hoy partido?
—No compro el periódico desde hace un año.
—Lo había olvidado, claro… Y no sabrá usted si ha habido elecciones.
—El año pasado no las hubo, pero ya estaban empezando a arreglar los baches de las calles, con lo que yo calculo que estarán al caer.
—¿El qué, los peatones?
—No, las elecciones.
—Ah, claro. Gracias.
—Gracias a usted.
—Dicen que cada persona tiene su propio silencio, así que si usted me lo permite voy a callarme, empiezo a hablar sin decir nada.
—Mi vecina dice que casi siempre se dicen más cosas sin hablar que viceversa.
—¿Y su vecina es cotilla?
—Sólo lo necesario.
Dindondín.
—Familiares de un tal Gómez y un García acudan aquí ahora. Por favor. Que somos profesionales y no podemos perder mucho tiempo con ustedes, que como podrán comprender son muchos y a veces parece que vienen a pasar el tiempo libre, que ya lo quisiera yo para mí, que llevo doblando turno desde la última vez que ganamos Eurovisión.
Silencio del señor A.
Silencio del señor B.
Silencio, aunque no sea necesario, de la vecina cotilla.
—¿Usted tiene un Gómez?
—¿Y usted un García?
Silencio (sin dueño).
—Se me olvidó el nombre de mi familiar.
—Y a mí del mío.
—Si estuvieran muertos llamarían, ¿verdad?
—¡Claro, hombre!, no se preocupe.
—Ni usted tampoco.



Pd de S: ¿esperando?, ¿desperando? Un día un médico me dijo que si me extirpaban la ironía podría morir.
Doble posdata: un beso para los sanitarios, y otro para los que esperan.
El lunes vuelve Candela. Y si estás en Madrid capital feliz puente de la Almudena; y si no, feliz viernes, que los viernes también gustan mucho.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Al fresco




 Que te digo yo Manuela que es mejor que no te toque la lotería, que en cuanto uno se vuelve rico lo secuestran. Mira que eres ceniza, Antonia. Si tienes dinero, podrás pagar el rescate. Anda que no os gusta pensar tonterías, y con la gracia ya se me han ido tres puntos del jersey. Pero, Luisa, a quién se le ocurre tricotar en pleno agosto, que te veo la lana y me entran los calores; ¡ay! abanícame que me vienen los pálpitos. Ya podías comprarte un abanico sin puntillas, los de madera serán menos coquetos, pero mueven más aire. Ni púas ni tontás, Luisa, lo que pasa es que es que son las fechas que son y estamos sentadas en la calle tomando el fresco de la noche. 

 
El fresco lo tomarás tú, que ésta lleva ya más de tres tragos al botijo. El agua refresca, dices. Y el anís con el que la castigas también. Si no fuera por el anís… Mirad que se ha quedado la noche despejá y cuajá de estrellas, qué bonito el cielo. ¡Huy!, ¿y eso que brilla ahí arriba?, qué destello tan grande, tiene forma de cazo. Ay, chica, que yo creo que tiene forma de ovni. Y tú qué sabrás si nunca has visto ninguno. En la tele sí, y tenían las mismas luces. ¡Ay, qué fogonazo más grande!, qué deslumbramiento: lo veo todo blanco. Pues yo veo colorines. ¡Manuela, que se acerca! ¡Manuela, que te llevan con la luz!, ¡Manuela, que te abducen!, ¡Manuela, suelta el botijo! Agárrala por los pies. Ya se me han vuelto a ir los puntos del jersey. Ay, madre, que no veo nada. Pero ¿a quién estoy sujetando yo? Hala, nos hemos vuelto a quedar a oscuras. Pues se la han llevado, y con hamaca y todo. Si ya te dije yo que es mejor que no te toque la lotería... Anda, pásame el botijo que se me ha quedado un mal cuerpo...


  
pd de S: Qué despreciado está el mecanismo de los botijos... un beso para todos los botijos (entre los cuales me incluyo).

martes, 6 de noviembre de 2012

Inefable



      En silencio quedó cuando pisó por primera vez el vetusto caserón familiar, aquél que no conocía más que por recuerdos robados a otros. Los soberbios balcones alanceaban el aire; parecían inamovibles, aunque el resto de la casa se viniera abajo. Visto así, el húmedo umbral de madera de roble parecía un elemento absurdo y prescindible. Los escalones, en cambio, se veían taciturnos, llorosos, cansados de gastar el tiempo y estrangulados por el musgo. Al mirarlos sintió el aguijón de una infancia superflua, agotada de cariños ásperos y deseos vergonzantes, de desacompasadas pasiones. Todo quedaba ahora muy lejano. Allí ya no quedaban memorias, sólo sordos lamentos que nada tenían que contarle. Quiso llorar, y sin embargo rió.


No siempre puedes cambiar lo que te rodea, pero sí que puedes decidir siempre cómo quieres tomártelo.
Sonríe y feliz martes

lunes, 5 de noviembre de 2012

Los lunes de Candela (v.o). La dieta.


          Hoy he descubierto que tengo una papada que parece estar levando y unos mofletes dignos del hámster más feliz del mundo. O dicho de otro modo, que estoy gorda como un botijo. En qué preciso momento gané los cinco (vale, tal vez siete) kilos que me han dejado tan oronda y con la cara tan redonda que siempre parezco tener un cuscurrito de pan en la boca. No lo sé, pero si hubiera de adivinar un día, poner sobre el tapete una hipótesis aproximada, yo diría que fue el 25 de junio de hace tres años. Dicen que los años engordan, pero en realidad lo que no te dicen es que se adhieren a tu culo, cintura, barriga y caderas como si fueran ventosas, sanguijuelas insufladoras de grasa dispuestas a ya nunca jamás abandonarte, ni a ti ni a tu cuerpo, ese ente extraño y cada vez más pesado y ajeno a tu persona. Como si tuviera vida propia, como si en vez de ser bicéfala fueras “bicuérpela” y tuvieras dos cuerpos: uno el que habita en tu cerebro (una imagen trasnochada de lo que fue, como un divorciado fiestero) y el que habita allende tu cuello. 

Pero yo, lejos de darme por vencida y tras mirarme unas cuantas veces (diecisiete en concreto) en el espejo de cuerpo entero que compré en una conocida cadena sueca de muebles, he decidido ponerme a dieta, aunque aún no sepa a cuál. Llegado a ese punto, hube de hacer inflexión y mirar mi interior y preguntar: ¿qué dieta hago?,¿a qué gurú sigo?; ¿me pongo con la dukan, la disociada, la de la zona, la de la alcachofa, la hipocalórica, la que sigue los biorritmos, o tal vez la del cucurucho como sugiere mi marido? 
Lejos de azorarme ante mis dudas existenciales ahondo más a fondo y más pa’dentro, como un reportero de callejeros barriobajeros (con todos mis respetos a los callejeros y a los barriobajeros). Tal vez deba plantearme renunciar a algunos “caprichitos” como el bizcocho de chocolate del café o los pistachos de antes de la cena, o quizá sean los berberechos y mejillones con patatas fritas del vermú de los domingos (acabo de darme cuenta de que si digo vermú muy rápido sale algo muy parecido a ver un emú: vermú-vermú-ver-er-mu) ¿Tendrá alguna relación los emús con los vermús?, ¿habrá quien tome emús con el vermú? La de vueltas mentales que doy con tal no pensar en hacer dieta. No puedo, me pone de muy mal humor pasar hambre, no lo voy a negar. Es más, conocer a alguien cuando tiene sueño o hambre es un dato clave para descubrir su personalidad más profunda y básica, aquella por la cual podremos discernir si somos compatibles o no, o cuando menos si podríamos sobrevivir a un reality tipo gran hermano o no te alejes que te pierdes por esta isla de mierda.
Lo dicho: el próximo lunes sin falta comienzo la dieta… eso o quito el espejo de la habitación.
XOXO (que no es “chocho” en andaluz, sino besos y abrazos en inglés).

viernes, 2 de noviembre de 2012

Aforismos y reflexiones de andar por casa



  • Nada me inquieta más que la paciencia.
  •  ¿Fue Drácula quien inventó los comentarios incisivos?
  •  El universo no es más que un verso de una sola línea.
  •  Si se juntan la paz y la ciencia, ¿sale un experimento muy tranquilo?
  •  Si un alemán es muy guapo, ¿está bábaro?
  • Cuando te cortas el pelo, ¿te quitas un peso muerto de encima? 

El lunes empezará una pequeña serie de relatos de Candela, versión original. Un personaje que espero que os guste y sobre todo que os haga reír.

Ánimo que por fin es viernes.